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Hemingway y sus verdes colinas de África

Hace ya 50 años de la trágica desaparición de uno de los mejores literatos del s. XX, Ernest Hemingway
Publicada el 28/05/2015 | Comentarios: 0 | Comentar

    Este rudo y valiente americano, ganador del Premio Pulitzer en 1953 por “El viejo y el mar” y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa, tuvo una vida de lo más singular, recorriendo varios países, desempeñando diferentes trabajos, pero sobre todo haciendo lo que le gustaba.

    Así y después de contradecir a su padre, quién le transmitió la afición por la caza y la pesca, dejó los estudios para trabajar como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial.

    Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde otros escritores le animaron a escribir obras literarias. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África, donde desarrolló intensamente quizás su afición preferida, la caza.

    Volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos y aunque no era soldado, participó en varias batallas.

    Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, donde las actividades marítimas tomaron una relevancia mayor en su vida cotidiana.

    Estos gustos, bien conocidos y practicados por Hemingway, fueron el sustento de muchas de sus novelas, crónicas o cuentos.

    Afortunadamente y después de su paso por África en 1933, reprodujo sus experiencias con la fauna salvaje, además de sus sensaciones y vivencias en el Continente Negro. La caza, especialmente en esta etapa, se convierte para Hemingway en motivos de reflexión que van mucho más allá del safari y la simple narración turística, conjugando la caza del animal con el encuentro del espíritu humano.

    Aquí disfrutó de jornadas tras leones, rinocerontes y todas clases de antílopes, especialmente la del Gran Kudu, que fue su verdadera obsesión. Atravesó las pistas de la sabana africana cuando las llanuras abiertas eran aún el cazadero más salvaje de la Tierra, anduvo por las laderas del Kilimanjaro y compartió buenos momentos con las tribus más antiguas de Kenia.

    Se dice que fue un cazador despiadado, audaz y eficaz, justo como se mostraba en otros aspectos de la vida, pero este era el tiempo en que la pasión en África se fundía con el fuego de las armas y la sangre de la caza mayor, sin dejar espacio para cursilerías o remilgos.

    Todo esto lo supo plasmar en una de sus mejores novelas, “Las vedes colinas de África”, obra que escapa de ser una aventura puramente cinegética, por un amor por la tierra virgen y un modo de vida. A pesar de los grandes enemigos y detractores de la caza, alcanzó el éxito como escritor, consagrándose con los más importantes premios literarios a nivel mundial. ¡Eran otros tiempos!

    Sin duda un libro muy recomendable para disfrutar en cualquier momento del año.


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